
La placenta es uno de los elementos más importantes en el desarrollo del bebé.
En ocasiones se presentan cierta complicaciones durante la gestación o
en el parto en relación a ella. Una de éstas es la Placenta
Accreta o Acretismo Placentario, que si bien se trata de un
inconveniente poco común, puede llegar a ser muy grave.
El acretismo placentario consiste en la adherencia anormal
de la placenta a una decidua defectuosa o al miometrio, conduciendo a un
retraso en el alumbramiento o a la retención placentaria, asociada además a una
hemorragia postparto que puede requerir o no histerectomía.
Lo normal es que las vellosidades de la placenta penetren en
la capa que cubre la cara interna del útero (decidua) y lleguen músculo uterino
(miometrio), pero sin pegarse a él. En la placenta accreta las vellosidades se adhieren al miometrio.
La frecuencia es
pequeña, aproximadamente 1 caso cada 10.000 partos, y pueden distinguirse tres
variantes:
-
Placenta increta, las vellosidades penetran
profundamente en el miometrio.
-
Placenta percreta, las vellosidades perforan el
miometrio y llegan a la serosa.
También pueden ser placentas accretas totales o parciales,
más frecuentes las últimas.
El accretismo placentario evoluciona sin síntomas hasta el
momento del alumbramiento en que la placenta no se desprende o lo hace
parcialmente. Sin embargo, hoy, gracias al mejor entendimiento y conocimiento
de los factores de riesgo y a la mejora de las pruebas diagnósticas, muchos casos
de placenta accreta pueden y deben ser diagnosticados durante el embarazo
mediante la ecografía, lo cual permite el diagnóstico antenatal de la
localización anómala de la placenta y su posible invasión a las demás capas de
la estructura uterina. El diagnóstico temprano, hace posible la preparación
adecuada y correcta para el momento del parto y sus complicaciones.
En el caso de progresar el embarazo, esta patología puede
derivar en un parto prematuro, es decir, antes de las 37 semanas.
En el caso de la madre, las complicaciones son mayores. Los
riesgos se relacionan con el sangrado uterino post parto, de modo que se pueden
generar hemorragias, anemia, shock e incluso
la muerte de la mujer, aunque no es lo normal.
Personalmente, he podido presenciar una cesárea en un caso de placenta percreta, en la que se necesitó hacer una histerectomía, y estas son las fotos del útero con la placenta:
En este caso, el diagnóstico precoz y la posibilidad de
programar la cesárea de forma adecuada, hicieron posible que todo saliera bien,
tanto para la madre como para el recién nacido; pero un caso así no
diagnosticado y que se presenta de urgencias, puede tener un desenlace
diferente. De ahí la importancia de su correcto y precoz diagnóstico
ecográfico.




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