lunes, 8 de abril de 2013

Acretismo placentario





La placenta es uno de los elementos más importantes en el desarrollo del bebé.
En ocasiones se presentan cierta complicaciones durante la gestación o en el parto en relación a ella. Una de éstas es la Placenta Accreta o Acretismo Placentario, que si bien se trata de un inconveniente poco común, puede llegar a ser muy grave.

El acretismo placentario consiste en la adherencia anormal de la placenta a una decidua defectuosa o al miometrio, conduciendo a un retraso en el alumbramiento o a la retención placentaria, asociada además a una hemorragia postparto que puede requerir o no histerectomía.
Lo normal es que las vellosidades de la placenta penetren en la capa que cubre la cara interna del útero (decidua) y lleguen músculo uterino (miometrio), pero sin pegarse a él. En la placenta accreta las vellosidades se adhieren al miometrio.
La frecuencia es pequeña, aproximadamente 1 caso cada 10.000 partos, y pueden distinguirse tres variantes:
-          Placenta accreta propiamente dicha, donde las vellosidades llegan a contactar con el miometrio, sin penetrar en él. Es la más frecuente de las tres variedades.
-          Placenta increta, las vellosidades penetran profundamente en el miometrio.
-          Placenta percreta, las vellosidades perforan el miometrio y llegan a la serosa.
 
También pueden ser placentas accretas totales o parciales, más frecuentes las últimas.
El accretismo placentario evoluciona sin síntomas hasta el momento del alumbramiento en que la placenta no se desprende o lo hace parcialmente. Sin embargo, hoy, gracias al mejor entendimiento y conocimiento de los factores de riesgo y a la mejora de las pruebas diagnósticas, muchos casos de placenta accreta pueden y deben ser diagnosticados durante el embarazo mediante la ecografía, lo cual permite el diagnóstico antenatal de la localización anómala de la placenta y su posible invasión a las demás capas de la estructura uterina. El diagnóstico temprano, hace posible la preparación adecuada y correcta para el momento del parto y sus complicaciones.
En el caso de progresar el embarazo, esta patología puede derivar en un parto prematuro, es decir, antes de las 37 semanas.
En el caso de la madre, las complicaciones son mayores. Los riesgos se relacionan con el sangrado uterino post parto, de modo que se pueden generar hemorragias, anemia, shock e incluso la muerte de la mujer, aunque no es lo normal.
Personalmente, he podido  presenciar una cesárea en un caso de placenta percreta, en la que se necesitó hacer una histerectomía, y estas son las fotos del útero con la placenta:
 
 
 
 
En este caso, el diagnóstico precoz y la posibilidad de programar la cesárea de forma adecuada, hicieron posible que todo saliera bien, tanto para la madre como para el recién nacido; pero un caso así no diagnosticado y que se presenta de urgencias, puede tener un desenlace diferente. De ahí la importancia de su correcto y precoz diagnóstico ecográfico.
 

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