Este tipo de lactancia consiste en estimular el cuerpo de la madre adoptiva a
que produzca leche, aún cuando esta no ha experimentado un embarazo o parto
reciente.
La meta de este tipo
de lactancia no es asegurar la lactancia materna exclusiva sino fomentar el
vínculo con el bebé.
El pecho de
cualquier mujer, frente a la succión va a determinar un pico de prolactina
(hormona implicada en la producción de leche) y oxitocina (hormona implicada en
la eyección de leche), asimismo el vaciado del pecho va a contribuir al aumento
de producción. Debido a que esta mujer no ha pasado por el proceso fisiológico
del embarazo que a su vez prepara el pecho para la lactancia, va a necesitar
una serie de estímulos para la producción de leche, es posible ayudarse
medicación para favorecer la concentración hormonal adecuada, galactogogos para aumentar la producción de
leche o la estimulación del pecho con extractores, pero lo fundamental es el
estímulo de la succión que realiza el propio bebé.
La clave es que el
niño mame y esto se logra poniéndolo piel con piel, con ayuda de un suplementador
o sonda al pecho y con MUCHA paciencia.
Los resultados de
este tipo de lactancia son impredecibles, en algunos casos no se logra la
producción de leche, en otro se consigue cierta cantidad y en algunos la
producción de leche es considerable, debido a esto la mamá debe pensar en todos
los beneficios del amamantamiento, no solo como productor de un valioso
alimento sino como una forma de contacto íntimo con su bebé.
Existen muchos
factores que pueden influir en la consecución de esta lactancia como son por
parte del bebé: la edad del bebé, la
forma en que ha sido alimentado mientras no ha mamado, su habilidad para mamar,
por parte de mamá también serán decisivos su estado de ánimo, firme decisión de
querer amamantar, grado de información y apoyo.
Iniciar este proceso
requiere una gran determinación y ganas por lo que es importante rodearse de
gente que apoye la decisión y profesionales que puedan ayudar a llevarla a
cabo.
A continuación una historia de una mamá que consiguió
amamantar a su hija adoptada:
"Mi marido y
yo decidimos adoptar después de unos meses de intentar quedarme embarazada. Las
pruebas médicas diagnosticaron un
problema de esperma. Como siempre habíamos dicho que uno de nuestros
hijos seria adoptado no nos costó demasiado hacer un “cambio de planes”.
Los trámites
fueron pesados pero bastante rápidos. Lo que más nos costo fue escoger el país.
Nos decidimos por República Dominicana porque podíamos adoptar a un bebé recién
nacido. Y una vez tramitado el expediente nos quedaba la espera. Nosotros la
llenamos buscando mucha información sobre la adopción. Y cuál fue la sorpresa
que uno de los libros que leí sobre adopción hacia una escueta mención a la
lactancia de madres adoptantes a sus hijos, si estos eran recién nacidos.
Como el libro
contenía una información muy escueta decidí buscar más información. Yo estaba
emocionadísima pensando que si finalmente era posible dar de mamar a mi hijo/a
sería un premio adicional a nuestro gran deseo de ser padres. Lo primero que
hice fue comentárselo a mi marido que se mostró muy escéptico y sorprendido.
Pero como yo estaba tan emocionada con la posibilidad de amamantar a mi futuro
bebé empecé a enviar emails a diferentes sitios: ligas de lactancia y otros
portales de Internet que hablaban sobre amamantar.La verdad es que no pregunte
en mi entorno más inmediato sobre la posibilidad ya que algunas personas no
entendían si quiera que optásemos por la adopción antes de probar cualquier
técnica de reproducción asistida.
De los 10 o 12
emails que envié me respondieron 2
miembros de grupos de apoyo a la lactancia: una mujer argentina y otra de Barcelona, quien me confirmo que
era posible una “lactancia inducida” (así se llama el proceso) y me puso en
contacto con un pediatra que me oriento y asesoró. También me facilitó un
sacaleches más potente que los que se comercializan habitualmente. Una vez
confirmado que podía hacerlo mi marido ya lo vio un poco más claro y lo comente
en mi entorno más intimo. No les pareció mal pero les resultó muy extraño.
Con el sacaleches
me tenía que estimular los pechos varias veces al día. No resultó agradable ya
que al tercer o cuarto día me dolían bastante. Pero eso no fue impedimento. Mi
hija estaba a punto de nacer y yo solo pensaba en lo maravilloso que sería
cogerla, acariciarla, besarla y amamantarla para darle todo el amor que
cualquier bebé recién nacido se merece, y más si era mi deseadísima niña.
Durante la
estimulación fui a visitar a otros especialistas para controlar la prolactina:
a mi ginecóloga que se mostró respetuosa pero sorprendida, al endocrino que no
salía de su asombro, al radiólogo que me trato con cierto recelo.... A todas las visitas acudía sola porque mi
marido trabajaba y muchas veces tenía la sensación de que les parecía una
“pobre desesperada por tener un hijo” capaz de hacer cualquier locura.
Pero cada día al
llegar a casa me conectaba al sacaleches y pensaba que ya quedaba un poco menos
para que naciera mi bebé.El día 11 de octubre nació nuestra hija Laura y el 16
estábamos en Dominicana para darle la bienvenida a este mundo. Creo que cuando
la vi fue el momento más feliz de mi vida. Al llegar al Apartahotel me desnudé
y me la puse encima. Sabía que ella desde el día en que nació se había
alimentado con biberón y que tal vez mi pecho le resultase extraño y lo
rechazara.
Pero la
compenetración fue perfecta. Se enganchó desde el primer momento y succionaba
con fuerza. A mí no me salía suficiente leche así que me colgaba del cuello una
pequeña botellita de la que salían dos conductos que terminaban en ambos
pezones. La botellita contenía leche preparada. Así mi hija Laura al succionar
de mi pezón bebía simultáneamente mi leche y la preparada.
Así estuvimos
durante cinco meses que no siempre fueron fáciles. El llevar relactador me
impedía sacar el pecho en cualquier lugar donde estuviésemos y darle de comer a
la niña así que hacíamos salidas cortas o buscábamos soluciones como darle de
comer dentro del coche en los aparcamientos con total intimidad.
Durante este
periodo Laura hacia defecaciones de dos colores: verdes y amarillas. Esto nos
tenía un poco preocupados así que se lo preguntamos al pediatra durante la
estancia en Dominicana, habiéndole explicado previamente que realizábamos una
lactancia inducida (cosa que le fascino). El pediatra nos dijo que las
defecaciones verdes eran las resultantes de la leche preparada y las amarillas
de la leche materna. Yupiii!!!!!- decíamos cada vez que era amarilla (y es que
suele pasar que los padres nos ilusionamos con cualquier cosita de nuestros
hijos).
Pero la historia
tiene una continuación feliz. Ahora mi niña de pelo rizado y ojos enormes
espera una hermanita que nacerá en marzo. Y de una cosa estoy segura, si a
Laura la amamante, a pesar de los prejuicios, inconvenientes y dificultades, a
mi próxima hija Emma también lo haré. Y espero que esta vez el hecho de estar
embarazada me ayude a no necesitar del relactador para hacerlo, aunque como ya
soy veterana no tendría problemas en rescatarlo del altillo."


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